Some days the woods are silent
with nothing to tell me,
minding their way, breathing their own breath
and some days they let me through the veil
there's an opening
and inside I go
inspirited
an elning
that's when the shadows cover the light
in deep browns
and golds make a path through the mosses
now the leaves are falling with the rain
so much golden stands of cottonwood
and birch has shimmered this week
so much cedar is gathering on the ground
and fir and cones
twigs
this woodland soil is even dry
these large living trees are
wondering about us
becoming very quiet
I would like to bound and leap
I would like to lift up my voice
I would like to come alive
but I am slowing with the sun
and waning like a moon
and quieting with the sap of the birch
Lydia McCauley
lunes, 17 de enero de 2011
domingo, 9 de enero de 2011
Sueños
Me han traído recuerdos de un clásico muy querido, leído en circunstancias y lugar ajenos a lo habitual que lo hacen doblemente inolvidable. Obra breve pero inmensa... y actual, como nos recuerda un tal Señor de la Vega, cuya visión es más diestra que la de este mero copiador. Aquí va:
Yo imagino una puesta en escena del mismo, en la tribuna de la sede de Naciones Unidas. Transmitiendo en directo al mundo, y delante de los desvergonzados dirigentes que nos dirigen... alguno de los soliloquios más bellos de Segismundo (también del mundo), en voz, por ejemplo un niño sudanés de Darfour:
¡Ay mísero de mí, y ay infelice!
Apurar, cielos, pretendo,
ya que me tratáis así,
qué delito cometí
contra vosotros naciendo.
Aunque si nací, ya entiendo
qué delito he cometido;
bastante causa ha tenido
vuestra justicia y rigor,
pues el delito mayor
del hombre es haber nacido.
Sólo quisiera saber
para apurar mis desvelos
—dejando a una parte, cielos,
el delito del nacer—,
¿qué más os pude ofender,
para castigarme más?
¿No nacieron los demás?
Pues si los demás nacieron,
¿qué privilegios tuvieron
que no yo gocé jamás?
Yo imagino una puesta en escena del mismo, en la tribuna de la sede de Naciones Unidas. Transmitiendo en directo al mundo, y delante de los desvergonzados dirigentes que nos dirigen... alguno de los soliloquios más bellos de Segismundo (también del mundo), en voz, por ejemplo un niño sudanés de Darfour:
¡Ay mísero de mí, y ay infelice!
Apurar, cielos, pretendo,
ya que me tratáis así,
qué delito cometí
contra vosotros naciendo.
Aunque si nací, ya entiendo
qué delito he cometido;
bastante causa ha tenido
vuestra justicia y rigor,
pues el delito mayor
del hombre es haber nacido.
Sólo quisiera saber
para apurar mis desvelos
—dejando a una parte, cielos,
el delito del nacer—,
¿qué más os pude ofender,
para castigarme más?
¿No nacieron los demás?
Pues si los demás nacieron,
¿qué privilegios tuvieron
que no yo gocé jamás?
viernes, 17 de diciembre de 2010
Cuando yo sea Hombre
Cuando yo sea hombre,
tendré una casa limpia
en cualquier lugar del mundo.
Una casa con su huerto...
y partiré la cosecha
con el hermano que pase.
!Oh, sí todos los hombres
tuviesen una casa con su huerto...!
Entonces,
no hubiera guerras, ni hambre,
ni pequeños descalzos
por el mundo.
Hay tierras que desde
el Norte hasta el Sur
son de un solo hombre.
Y millares de hombres,
que desde Oriente a Occidente
no tienen ni un puñado de arena
para sembrar sus sueños.
Cuando yo sea hombre,
me uniré a todos los que luchan
por Tierra, Pan y Paz
para los hombres.
Rosa Virginia Martínez (1915- 1983). Aroma.
tendré una casa limpia
en cualquier lugar del mundo.
Una casa con su huerto...
y partiré la cosecha
con el hermano que pase.
!Oh, sí todos los hombres
tuviesen una casa con su huerto...!
Entonces,
no hubiera guerras, ni hambre,
ni pequeños descalzos
por el mundo.
Hay tierras que desde
el Norte hasta el Sur
son de un solo hombre.
Y millares de hombres,
que desde Oriente a Occidente
no tienen ni un puñado de arena
para sembrar sus sueños.
Cuando yo sea hombre,
me uniré a todos los que luchan
por Tierra, Pan y Paz
para los hombres.
Rosa Virginia Martínez (1915- 1983). Aroma.
miércoles, 15 de diciembre de 2010
Crisis, huelgas, sindicatos y demás seres.
Me queda por decir lo que considero más importante. Ya veis que los enemigos no osaron hacernos la guerra hasta que apresaron a nuestros generales, pensando, sin duda, que mientras tuviéramos jefes y mientras nosotros les obedeciésemos, éramos capaces de vencerles en la guerra, pero que una vez presos aquéllos, la falta de mando y la indisciplina darán al traste con nosotros. Es preciso, pues, que los jefes ahora elegidos sean mucho más celosos que los anteriores, y los soldados mucho más disciplinados y obedientes a los jefes actuales que a los anteriores. Y si alguno desobedeciese, conviene acordar que quien se halle presente ayude al jefe para castigarle; de este modo se verán los enemigos engañados en sus esperanzas, pues hoy mismo verán diez mil Clearcos en lugar de uno solo, los cuales no consentirán a nadie que se porte cobardemente. Pero ya es hora de hacer las cosas; acaso los enemigos se presentarán en seguida; al que le parezca bien esto, que preste su aprobación cuanto antes y si a cualquiera se le ocurre algo, que lo diga; se trata de la salvación de todos.
Jenofonte (430 a.C. -355 a.C.). Anábasis.
martes, 14 de diciembre de 2010
¿Qué cojones hemos hecho?
Léalo en el blog del autor: ¿Qué cojones hemos hecho? Yo se lo agradecería.
Yo vivía al final de Madrid. Literalmente. Salía a la calle y un portal más abajo se extendía campos de trigo. Ningún edificio ni carretera. Vallekas, en el este de Madrid era el fin del mundo civilizado.
Había litronas entre 5 o 6 tipos que no juntábamos mil pelas (6 Euros). El costo había que ir a buscarlo a sitios jodidos, y nadie te lo ofrecía por la calle si no te conocía a ti o a tu hermano mayor. La gente de mi edad madrugaba y se iba a currar en un autobús donde se los asientos se rifaban, y tenias que pelear con las viejas para poder dormir unos minutos en el metro. Si un abuelo te llamaba la atención sabías que te podía caer la de dios, y bajabas la cabeza y levantabas el vuelo.
Los malos eran los 4 gambas de siempre, y siempre eran los mismos. Si los venias venir igual acababas a hostias, pero al día siguiente ya no se metían contigo. No salíamos los días de diarios para conseguir tener lo suficiente para salir el viernes y el sábado. No daba para más el tema. Quedábamos los domingos para jugar un partido de fútbol interminable, y no había copa, había un litro de cerveza bien frío que pagaba uno de los que perdía a uno de los que ganaba religiosamente. El fútbol molaba y a uno le ponían el apodo del que metía más goles, no del que ganaba más dinero y más anuncios hacía.
Los padres venían tarde porque hacían horas extras para sacar adelante a la prole de hijos. Las madres cuidaban de ellos, los llevaban al Cole, les daban enormes bocadillos de cualquier cosa y los volvían a mandar a la calle. Siempre sabían donde estábamos, y cuando alguno volvía con la cabeza abierta por la última batalla a pedradas le daban una colleja y le tiraban de la oreja. Los mayores en verano sacaban las sillas y se tiraban hablando hasta las tantas, y algunos dormían en la misma calle hasta que el sol los despertaba.
Escuchábamos rock en casettes, y cuando uno ganaba su primer sueldo se compraba unos Levis, unas John Smith y la ultima camiseta de los Maiden. Si tenía suerte y le daban paga se iba a Gandia de camping con 4 como él a desparramar con las guiris. Si no, siempre quedaban las acampadas en la sierra, donde para oxigenarse se llevaba mucho tabaco, Whisky segoviano, unas latas de La piara y mucho costo. Nada de Erasmus, ni de redes sociales, ni esas cosas. Con los colegas de siempre.
Era raro que la gente se matara con el coche, o con las motos. Las pelas no daban para esas cosas, así que tocaba tren, y autobús. No había Internet. Había campo y grillos. No había consolas, había balón. Poca discoteca, y mucho de bodega con botellines helados. Y mucha charla. Charla sobre todo. Las chicas, el curro, la vida y lo que uno sería de mayor y como serian las cosas.
Algunos viernes por la noche, en verano, miro por mi ventana y veo tantas grúas, tantos coches tuneados al límite conducidos por cerebros de 50 cm cúbicos. Tantos jóvenes metiéndose de todo y diciendo que están de fiesta cuando igual en 10 minutos se están abriendo la cabeza unos a otros por cualquier gilipollez. Niñas y niños disfrazados como el último mamarracho famoso que ha salido en la televisión 15 minutos por contar con quien folla. Tanta prisa y tanta frustración en la calle. Gente discutiendo por como pagar hipotecas, gente discutiendo porque no se puede ir de casa de sus padres. Gente discutiendo por todo
Seguramente ahora hemos avanzado de la hostia, y la gente tenga oportunidad de tener un conocimiento y el acceso a la biblioteca universal en forma de Google. Blogs y Youtube. Descargarse la música y las películas que uno quiera. Tuenti, y yo que se.
Mil cosas.
Incluso esté bien que tú leas esto. Pero yo me pregunto algunas veces si vale la pena.
¿Qué cojones hemos hecho? ¿Qué cojones?
Yo vivía al final de Madrid. Literalmente. Salía a la calle y un portal más abajo se extendía campos de trigo. Ningún edificio ni carretera. Vallekas, en el este de Madrid era el fin del mundo civilizado.
Había litronas entre 5 o 6 tipos que no juntábamos mil pelas (6 Euros). El costo había que ir a buscarlo a sitios jodidos, y nadie te lo ofrecía por la calle si no te conocía a ti o a tu hermano mayor. La gente de mi edad madrugaba y se iba a currar en un autobús donde se los asientos se rifaban, y tenias que pelear con las viejas para poder dormir unos minutos en el metro. Si un abuelo te llamaba la atención sabías que te podía caer la de dios, y bajabas la cabeza y levantabas el vuelo.
Los malos eran los 4 gambas de siempre, y siempre eran los mismos. Si los venias venir igual acababas a hostias, pero al día siguiente ya no se metían contigo. No salíamos los días de diarios para conseguir tener lo suficiente para salir el viernes y el sábado. No daba para más el tema. Quedábamos los domingos para jugar un partido de fútbol interminable, y no había copa, había un litro de cerveza bien frío que pagaba uno de los que perdía a uno de los que ganaba religiosamente. El fútbol molaba y a uno le ponían el apodo del que metía más goles, no del que ganaba más dinero y más anuncios hacía.
Los padres venían tarde porque hacían horas extras para sacar adelante a la prole de hijos. Las madres cuidaban de ellos, los llevaban al Cole, les daban enormes bocadillos de cualquier cosa y los volvían a mandar a la calle. Siempre sabían donde estábamos, y cuando alguno volvía con la cabeza abierta por la última batalla a pedradas le daban una colleja y le tiraban de la oreja. Los mayores en verano sacaban las sillas y se tiraban hablando hasta las tantas, y algunos dormían en la misma calle hasta que el sol los despertaba.
Escuchábamos rock en casettes, y cuando uno ganaba su primer sueldo se compraba unos Levis, unas John Smith y la ultima camiseta de los Maiden. Si tenía suerte y le daban paga se iba a Gandia de camping con 4 como él a desparramar con las guiris. Si no, siempre quedaban las acampadas en la sierra, donde para oxigenarse se llevaba mucho tabaco, Whisky segoviano, unas latas de La piara y mucho costo. Nada de Erasmus, ni de redes sociales, ni esas cosas. Con los colegas de siempre.
Era raro que la gente se matara con el coche, o con las motos. Las pelas no daban para esas cosas, así que tocaba tren, y autobús. No había Internet. Había campo y grillos. No había consolas, había balón. Poca discoteca, y mucho de bodega con botellines helados. Y mucha charla. Charla sobre todo. Las chicas, el curro, la vida y lo que uno sería de mayor y como serian las cosas.
Algunos viernes por la noche, en verano, miro por mi ventana y veo tantas grúas, tantos coches tuneados al límite conducidos por cerebros de 50 cm cúbicos. Tantos jóvenes metiéndose de todo y diciendo que están de fiesta cuando igual en 10 minutos se están abriendo la cabeza unos a otros por cualquier gilipollez. Niñas y niños disfrazados como el último mamarracho famoso que ha salido en la televisión 15 minutos por contar con quien folla. Tanta prisa y tanta frustración en la calle. Gente discutiendo por como pagar hipotecas, gente discutiendo porque no se puede ir de casa de sus padres. Gente discutiendo por todo
Seguramente ahora hemos avanzado de la hostia, y la gente tenga oportunidad de tener un conocimiento y el acceso a la biblioteca universal en forma de Google. Blogs y Youtube. Descargarse la música y las películas que uno quiera. Tuenti, y yo que se.
Mil cosas.
Incluso esté bien que tú leas esto. Pero yo me pregunto algunas veces si vale la pena.
¿Qué cojones hemos hecho? ¿Qué cojones?
lunes, 13 de diciembre de 2010
Dinero y conciencia: ¿A quién sirve mi dinero?
Charla ofrecida por Joan Antoni Melé, subdirector general de Triodos Bank, en la Escuela de Organización Industrial, el pasado 6 de mayo de 2010.
Como diría Versvs: Cada euro que gastas apoya algo, ¿sabes bien qué estás apoyando?
Como diría Versvs: Cada euro que gastas apoya algo, ¿sabes bien qué estás apoyando?
lunes, 6 de diciembre de 2010
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